Solo en libertad es posible crear. Y cuando las libertades se condicionan o se limitan, la creatividad se vuelve una acción liberadora para los inconformes, para los que no aceptan la realidad y deciden cambiarla.

El origen de este proyecto fue comprender que podemos generar cambios interesantes aún en las situaciones más hostiles y lamentables. La creatividad es el recurso más preciado para quienes desean actualizar la vida, imaginar una vida posible e incluso sobrevivir en un país como Venezuela.

En 2015, ideamos un laboratorio creativo que funciona como una plataforma para las narrativas experimentales en entornos digitales. No nos hemos detenido en la misión de impulsar emprendimientos e ideas en la red, porque sabemos que es este el último resquicio de libertad, aunque no sea plena. Lo hacemos desde la experimentación. Esta es la forma que tenemos de acceder a lo nuevo, a lo que no se ha probado, a lo que puede registrarse como un éxito o como una advertencia para el futuro.

Si no es evidente aún, Equilátero Laboratorio Creativo no es exclusivamente una agencia de marketing digital, aunque hasta ahora ha sido este rubro el que más hemos explorado. En el lab hay cabida para la conceptualización e incubación de ideas innovadoras de mucho tipo.

Durante este primer año hemos tenido el privilegio de gestionar las comunidades de franquicias internacionales, emprendimientos locales y personas destacadas, pero también hemos acompañado la creación de productos editoriales de  calidad y hemos organizado experiencias como el primer Meetup de Emprendedores Digitales de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. Ahora mismo nos encontramos desarrollando una app que promueve el acercamiento social y un panel para seriéfilos con el Festival de Cine entre Largos y Cortos (ELCO). De tal manera que nuestro campo de acción no es nada reducido.

Venezuela pasa por un rezago tecnológico, un aprieto económico y un nudo político que siempre está a punto de soltarse. La incertidumbre nos determina y a veces nos paraliza. Pero el no saber lo que viene y estar listos para lo que sea, puede convertirse en una ventaja competitiva para quienes decidimos emprender y vivir aquí a pesar de los riesgos.

La innovación nunca duerme. La tecnologización de la humanidad y la humanización de la tecnología nos han convertido en insomnes habituados a la caducidad, esperanzados por un próximo paso, por una siguiente gran sorpresa. Es momento de adelantarse. De imaginar el mañana. De prepararse para trascender.

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